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ACCURSO, Ricardo
El Anarquismo en la ciudad de Rosario (Argentina)
Artículo puesto en línea el 12 de noviembre de 2003
última modificación el 23 de abril de 2015

por r-c.
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Ver también: ACCURSO, Ricardo Vicente

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A lo largo de su historia, la ciudad de Rosario albergó importantes movimientos sociales, cuyo estudio es esencial para comprender la dinámica social rosarina. Entre estos movimientos se destacan los de índole contestataria hacia el orden establecido. A finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, por ejemplo, aparece un combativo movimiento obrero y un no menos influyente movimiento anarquista. Dos movimientos estrechamente vinculados desde sus orígenes y más aún cuando el surgimiento del sindicalismo de orientación anarco-comunista durante la primer década del presente siglo.

El nacimiento y desarrollo de estos tempranos movimientos contestatarios se inscribe dentro del desarrollo capitalista agro-exportador que se percibe claramente desde mediados del siglo pasado y el cual se acelera a partir de 1880. Este tipo de desenvolvimiento, a partir del cual se construye la Argentina moderna, promover un notable crecimiento en la región de la pampa húmeda, donde se asentarn la mayor parte de los capitales y de la mano de obra (provista mayoritariamente por la inmigración europea, aunque también debe tenerse en cuenta el significativo flujo migratorio desde el resto del estado argentino hacia la zona pampeana).

Al compás de este proceso, surgirán o se expandirán populosos núcleos urbanos, donde se alojarán los inmigrantes que no encuentren su lugar en el mbito agrario, al no poder acceder a la propiedad de la tierra u obtener contratos de arrendamientos favorables. En estas ciudades, paralelamente al crecimiento de las actividades comerciales y de servicio durante las últimas décadas del siglo pasado, nacerán talleres, pequeñas industrias y algunas fábricas propiamente dichas. Rosario, gracias a este vertiginoso desarrollo, en pocas décadas pasará de minúscula villa a segunda ciudad de la república, rivalizando con Buenos Aires en cuanto a actividad económica y polo atraedor de inmigración. Pilares fundamentales de esta mutación rosarina serán su puerto y los ferrocarriles que convergían hacia él, los cuales transportaban hacia el puerto rosarino la producción cerealera y, en menor medida, ganadera de la denominada "pampa gringa".

De manera concomitante a este crecimiento económico y demográfico, se irán constituyendo las primeras organizaciones obreras (mutuales y sociedades de resistencia), a partir de las cuales trata de canalizar sus demandas de mejoramiento social la naciente clase trabajadora local. Aparecerán, asimismo, las primigenias actividades de anarquistas y socialistas, las corrientes ideológicas predominantes hacia fines del siglo XIX y primeras décadas del XX dentro del movimiento obrero argentino, añadiéndose a ellas el sindicalismo revolucionario desde 1905, luego trocado simplemente en sindicalismo.

Rosario no sólo será la segunda concentración obrera del país sino, también, la ciudad donde los conflictos sociales alcanzarán una magnitud similar o superior a los de Buenos Aires, lo cual podría estar relacionado -en cierta medida- con las condiciones de vida más duras que debían soportar los trabajadores rosarinos. En Rosario tuvieron lugar las primeras huelgas generales, en el marco de una localidad, del país. Las mismas se registraron a fines de 1901, a raíz de un conflicto iniciado en la Refinería de Azúcar (que empleaba más de 1000 personas, siendo una de los establecimientos industriales más grandes del país), y a principios de 1902. Además, existió un conato de huelga general en 1896.

La primer huelga parcial registrada en el país también se habría producido en Rosario. Se trata de la huelga protagonizada por los aguateros en 1877. Plácido Grela(1), en un artículo sobre los orígenes del movimiento obrero en Rosario, menciona además una serie de conflictos anteriores a la huelga de los aguateros, algunos de los cuales se habrían registrado en la campaña próxima a Rosario.

Por otra parte, la primera víctima mortal del movimiento obrero argentino fue Cosme Budeslavich o Budislavich, un trabajador eslavo oriundo del Imperio Austro-Húngaro que trabajaba en la ya citada Refinería de Azúcar. Budeslavich encontró la muerte en un conflicto registrado entre los obreros y la empresa durante octubre de 1901.

A principios de siglo, Rosario era denominada la "Barcelona del Río de la Plata" debido a la importante concentración obrera y al predicamento del acratismo. La influencia alcanzada por esta ideología en Rosario durante el período en cuestión parece sólo comparable con la que logró el anarquismo en Barcelona, superando incluso -en términos relativos- a la ciudad de Buenos Aires. Existen al respecto una serie de testimonios elocuentes de personas no comprometidas con el anarquismo y que por ende no tenían intención de agigantar su incidencia, como sí podía suceder entre los informadores libertarios. El médico catalán Juan Bialet Massé, por ejemplo, en su informe sobre la situación de los trabajadores en el interior del país a principios del siglo XX, expresa que el anarquismo "imperaba en las clases obreras de Rosario como único señor" [1]

Testimonios parecidos pueden hallarse en las declaraciones de dirigentes socialistas coetáneos. Enrique Dickman, apreciando que la actividad libertaria se percibía más en Rosario que en la Capital Federal, la definía como la "Meca del anarquismo argentino". Adrin Patroni, otro de los principales líderes socialistas de aquel entonces, también testimonia dicho fenómeno en una carta dirigida al periódico socialista LA VANGUARDIA, publicada el 20 de noviembre de 1901.

Las primeras actividades anarquistas en Rosario sobre las cuales tenemos conocimiento cierto se remontan a 1890, cuando aparece EL ERRANTE, grupo de propaganda anarquista. En ese mismo año est registrada la presencia anarquista en el acto del 1º de mayo celebrado en la Plaza López de Rosario, en concordancia con lo establecido por el Congreso Socialista Obrero de París en 1889. Hacia 1893 aparece DEMOLIAMO, periódico comunista-anrquico, la primera publicación ácrata editada en Rosario de la cual ha quedado un documento directo. En efecto, el original del nº 2 de DEMOLIAMO se conserva en el Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam, a donde llegó gracias a la donación efectuada por el historiador austríaco libertario Max Nettlau de su cuantiosa biblioteca, hemeroteca y archivo personales. Muy probablemente la presencia anarquista dataría de años anteriores a 1890. Así, en 1888 se habría editado la publicación EL OBRERO PANADERO, la cual respondería a los lineamientos ácratas. Este órgano, según Plácido Grela, perduraría hasta mediados de 1890, contribuyendo a difundir las alternativas del acto del 1º de Mayo antes mencionado. Dos destacados ácratas, Francisco Berri y Virginia Bolten habrían estado ligados a EL OBRERO PANADERO, que además de ser un órgano libertario, según Grela, era el vocero de la sociedad de resistencia de los obreros panaderos rosarinos, uno de los gremios más activos en aquellos años y entre cuyos miembros solían reclutarse no poco militantes anarquistas.

Existiendo una presencia ácrata en Buenos Aires desde la década de 1870 y habiendo llegado tanta inmigración europea a Rosario desde mediados del siglo XIX no es aventurado pensar que, por lo menos, ya en la década de 1880 hubo algún tipo de actividad anarquista en esta ciudad del sur santafesino. Referencias literarias a estas actividades se pueden encontrar en un cuento de Alberto Campazas titulado "Venancio borracho", donde se habla de un obrero español bakuninista que durante los años ’70 del siglo pasado trabajó en la construcción del ramal ferroviario Rosario-Cañada de Gómez y trató de organizar sindicalmente a los obreros que participaban en aquella empresa.
Lo cierto es que en la última década del siglo pasado aparecen en Rosario una importante cantidad de grupos de propaganda anarquista, se editarán periódicos y folletos, se efectuarán variadas actividades culturales y se observarán intentos de orientar al movimiento obrero hacia finalidades libertarias, que cristalizarán con el surgimiento de la FEDERACION OBRERA LOCAL, que hacia 1896 editará el periódico LA FEDERACION OBRERA.
Respecto de la participación en las sociedades obreras se registró una dura polémica entre dos tendencias anarquistas denominada una "organizadora" y la otra "antiorganizadora" o "individualista". Los primeros eran partidarios de la actividad gremial en la medida que no se renunciara a los objetivos libertarios, mientras que los segundos se oponían a la misma, pues definían a esas sociedades como reformistas y autoritarias, y por ende contrarias a los principios ácratas. La preeminencia lograda por los organizadores dentro del anarquismo local en los últimos años de la década de 1890 definió el pleito a su favor. A partir de entonces, y con la creación de la FEDERACION OBRERA ARGENTINA (F.O.A.), luego FEDERACION OBRERA REGIONAL ARGENTINA (F.O.R.A.), se irá delineando el sindicalismo de orientación comunista-anárquica. De esa manera, los sindicatos impulsados por los libertarios se convertirán en la organización privilegiada dentro del movimiento, desplazando de ese lugar a los grupos de afinidad o grupos específicos de propaganda

El hecho de que Rosario ocupara un sitio de primer orden en cuanto a la magnitud y radicalización de las luchas sociales no parece ajeno a la hegemonía alcanzada por el anarquismo dentro del movimiento obrero local, pues los anarquistas trataban de obtener el máximo de las concesiones en cada conflicto y aspiraban a convertir la huelga general en la antesala de la revolución social por ellos preconizada. Para visualizar como se fue dando esta preeminencia resulta imprescindible estudiar los medios que se dieron los ácratas para llevar adelante sus propósitos, difundiendo las propuestas libertarias, promoviendo la organización de los trabajadores y oprimidos en general, canalizando sus demandas de mejora social y ofreciéndoles actividades para el tiempo libre. En suma, debemos estudiar la manera en que estas organizaciones se adecuaron a las necesidades de una gran parte de los trabajadores.

El estudio del anarquismo rosarino es de gran valor tanto para una mejor comprensión del anarquismo argentino como para la del temprano movimiento obrero de estas latitudes. Por supuesto, una mejor comprensión de estos fenómenos nos permite una más adecuada consideración de la sociedad rosarina y argentina de la época.

A pesar de la importante significación de estos temas para el conocimiento de la realidad histórica local y nacional, no ha existido, hasta mediados de la década de 1980, una gran preocupación por la historia social rosarina y de los sectores trabajadores en particular. Existían sí algunas obras relativas al movimiento obrero y a la clase obrera argentinas que brindan algunos datos sobre la organización obrera y la actividad anarquista en Rosario. Tenemos así, por un lado, los trabajos clásicos sobre el movimiento obrero argentino, escritos por Sebastián Marotta (sindicalista), Diego Abad de Santilln (anarquista), Jacinto Oddone (socialista), Martín Casaretto (socialista) y Rubens Iscaro (comunista). Estos autores abordan la historia del movimiento obrero argentino desde sus respectivas orientaciones ideológicas. A esta bibliografía debemos agregar las producciones bibliográficas más tardías de Alberto Belloni, Julio Mafud, Hobart Spalding, Samuel Baily, Julio Godio, José Panettieri, Jorge Solomonoff y otras más recientes de Ricardo Falcón, Edgardo Bilsky, Antonio López, Leandro Gutiérrez y Ricardo González. Varios de estos autores centran su interés en la relación establecida entre los anarquistas y la organización sindical. Por otro lado, se encuentran las obras dedicadas específicamente a los anarquistas. En esta categoría figuran las obras de Ernesto Gilimón, Enrique Nido, Diego Abad de Santillán, Max Nettlau, Fernando Quesada (los cinco eran militantes anarquistas), David Viñas, Hugo del Campo, Iaacov Oved, Gonzalo Zaragoza y Dora Barrancos. Todas estas producciones, en mayor o menor medida, privilegian lo acontecido en Buenos Aires, el resto del país actúa como telón de fondo.

Hasta los últimos años, como decíamos, existían muy pocos escritos referidos a la historia de los trabajadores rosarinos. Los pioneros en estos estudios han sido Daniel Maquirrian, Roberto Marrone y Plácido Grela. Afortunadamente, desde 1984 se ha registrado un mayor interés por este tema. Han salido a la luz, de esa forma, una serie de investigaciones. Un trabajo dirigido por Ofelia Pianetto trata acerca de las condiciones de la vida obrera y de la formación del movimiento obrero en Rosario. Debido a su carácter general, esta obra vale más por su índole pionera que por las precisiones aportadas. Diego Armus y Jorge Hardoy se han dedicado al estudio de las condiciones de vida de los sectores populares locales hacia fines del siglo XIX y principios del presente.

Además, un conjunto de investigaciones específicas se están llevando a cabo por jóvenes historiadores locales de la Universidad Nacional de Rosario. Ricardo Falcón, Alicia Megías, Alejandra Monserrat, Agustina Prieto, Maricel Bertolo, Adrin Ascolani, por ejemplo, han elaborado trabajos referidos a los intentos estatales por disciplinar y moralizar a los sectores populares rosarinos, a las condiciones de vida de los mismos y a las actividades de anarquistas, socialistas y sindicalistas en el lapso comprendido entre las postrimerías del siglo XIX y las primeras décadas del XX

Una característica relevante de la producción bibliográfica sobre el anarquismo argentino es la concentración de los estudios en torno al papel desempeñado por los ácratas en el ámbito sindical, relegando a un lugar secundario otras cuestiones esenciales en la práctica de los libertarios, a saber : la educación libertaria, la literatura creada por los escritores anarquistas (Alberto Ghiraldo, Alejandro Sux, Florencio Sánchez, Félix Basterra, Antonio De Carlo, etc), diversas manifestaciones artísticas (cuadros filodramáticos, coros, payadores libertarios, tangos sociales) y recreativas (veladas, picnics), los centros de estudios sociales, bibliotecas y Casas del Pueblo, la propaganda oral y escrita desarrollada por los grupos de afinidad, con la consecuente proliferación de periódicos, folletos, libros, manifiestos, ensayos cooperativos e intentos de establecer comunidades libertarias (como la experiencia frustrada de Macedonio Fernández y el padre de Borges en Paraguay). También permanecen en un segundo plano o directamente no son tratadas cuestiones claves en el discurso y la práctica anarquista, como ser el papel de la mujer (tanto a nivel de su participación en el movimiento anarquista, como la imagen y las propuestas que tenían los anarquistas respecto de ellas), el internacionalismo, el antimilitarismo, el pacifismo, la cuestión religiosa (más allá de la prédica anticlerical y atea, subyacen en la ideología ácrata una serie de elementos frecuentemente asociados a ciertas cosmovisiones religiosas, como ser creencias escatológicas, mesiánicas y apocalípticas), el tratamiento de la cuestión indígena y de los "salvajes" en general, las consideraciones naturistas y eugenésicas, la defensa de una lengua internacional (por ejemplo, el Esperanto). Además, sería necesario profundizar el análisis de las diferentes concepciones sobre los medios y los fines presentes en el movimiento anarquista local, tanto a nivel sincrónico como diacrónico. Diego Abad de Santilln rescató en sus obras la importancia de algunas de estas cuestiones y lo mismo podemos decir de las memorias redactadas por Miguel González, Laureano Riera Díaz y Juana Rouco Buela y de las extensas cartas que a modo de memorias durante varios años José Fernández remitiera a quien escribe estas líneas. En estos últimos años, además, Dora Barrancos, Mabel Bellucci, Jean Andreu, Mauricce Fraysse, Eva Golluscio de Montoya y Hernán Diaz han dedicado valiosas investigaciones acerca de algunas de las cuestiones mencionadas.

Otra cuestión a tener en cuenta es la importancia que tuvieron los crotos o linyeras en la propagación del anarquismo, sobre todo a partir de fines de la segunda década del presente siglo y hasta principios de los años ’30. Estos trotamundos que usaban sus piernas y los vagones del ferrocarril a modo de alas, son los protagonistas de varios artículos de Hugo Nario y Alicia Maguid y de sendos libros de dos ex crotos : Beppo Ghezzi y Angel Borda. Referencias acerca de ellos también hallamos en los recuerdos de viejos libertarios, como los ya citados José Fernández y Miguel González. Mucho queda por estudiar para precisar la incidencia de los crotos libertarios en el surgimiento de sindicatos rurales o de pequeñas poblaciones, en el establecimiento de bibliotecas obreras, en la organización de huelgas en los pueblos y en el campo, en la circulación de las ideas anarquistas.

De lo expuesto se deduce que, a pesar de los progresos realizados en los últimos tiempos, es necesario profundizar las investigaciones realizadas y extenderlas hacia áreas temáticas y geográficas no suficientemente exploradas.

No podemos concluir estas consideraciones sin hacer mención a las fuentes. Dos problema fundamentales se presentan a los investigadores del temprano movimiento obrero y anarquismo rosarino o argentino en general : a) la pérdida de una gran cantidad de diversos testimonios escritos elaborados por las organizaciones que los conformaban y b) la dispersión y mal estado de la documentación restante.

No obstante, el recurso a otro tipo de documentación (diarios o publicaciones de carácter general, registros estadísticos, memorias y cartas de antiguos protagonistas) y la consulta de todo tipo de bibliografía que pueda brindar algún dato, incluyendo obras de literatura, son instrumentos de gran valía que nos permiten avanzar en la labor heurística. Dentro de este conjunto debe brindarse especial atención a los trabajos ligados a la historia rosarina y Argentina.

Otro recurso lo constituye la consulta de publicaciones obreras elaboradas en países cuyos movimientos laborales estaban estrechamente vinculados , básicamente por cuestiones migratorias o por vecindad geográfica, con el argentino. Entre ellos sobresalen España, Italia, Francia, Uruguay, Chile y Brasil. Además, dado el carácter fuertemente internacionalista del anarquismo y, en menor medida, del socialismo argentinos, no sería extraño hallar referencias acerca de la situación local en publicaciones de dichas tendencias esparcidas por otros sitios de América y Europa.

Notes :

[1BIALET MASSÉ, Juan : El estado de las clases obreras argentinas a comienzos del siglo XX, Córdoba, U.N.C., 1968, p.453.


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el 12 de noviembre de 2003
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