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Mintz, Frank
El eco de los pasos de Juan GARCÍA OLIVER
Artículo puesto en línea el 10 de diciembre de 2003
última modificación el 26 de abril de 2015

por r-c.
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Barcelona: Ruedo Ibérico, 1978, 694 pp.

Millares de anarcosindicalistas participaron en el historial de la CNT hasta el exilio, pero, ¿quiénes pueden escribir sus memorias con la seguridad de verlas publicadas? Sólo los más conocidos. No forzosamente los mejores. Y así tenemos un puñado de obras, que se vapulean a veces, dando una visión insuficiente del anarcosindicalismo. Y mientras tanto, podemos decir, al igual que para la cultura africana: en cada abuelo, en cada militante que muere, sin haber legado sus memorias, hay una parte de la historia que se destruye ...

García Oliver escribió solo, fingiendo desconocer las obras de historiadores y compañeros suyos, el resultado es que los ajustes de cuentas personalistas desequilibran el escrito. El autor aparece convencido de sus dotes para el análisis político -y debio ser el caso muchas veces-, pero a primera vista su libro cae en el diálogo huero del profe que suelta el rollo (y boquiabiertos le escuchan Durruti, Ascaso, los soviéticos preparando la defensa de Madrid, etc.), y se - autodefine vidente (p.189, 565), dando rapapolvo a los alumnos díscolos (la militancia).

A segunda lectura, García Oliver es una mentalidad típica de líder anarcosindicalista o anarco a secas. Empieza por difundir la práctica cenetista y no parece falso que Pestaña y Peiró pidieron que se organizase un grupo de compañeros para liquidar a Martínez Anido y otros perseguidores de la CNT. Y así nació Nosotros, con Durruti, Ascaso, Jover, y otros compañeros. Ahora bien, si Pestaña y Peiró dejaron esta táctica en 1923, Nosotros la continuó. y García Oliver hasta 1933. Y es notable que todos coincidieran en el chalaneo político durante la guerra, despreciando el consultar a la base .

Pero detallando será más claro. La justificación de García Oliver (=G.O.) fue la plataforma de 1926-27 de algunos compañeros anarquistas rusos que querían adoptar el autoritarismo bolchevique. Archinov y su grupo trataron de dejar constancia de su paso por la revolución rusa, elaborando una plataforma que pretende en sustancia que los anarquistas, o dejan la pretensión de ser revolucionarios, o deben organizarse de manera que la dirección revolucionaria

"sea ejercida desde un principio y proseguida hasta la total eliminación de todas las causas de injusticia social" (p. 84).

Así G.O. declara en 1931, que hay que lanzarse a la revolución sin esperar, y que los treintistas la remiten a fechas completamente absurdas de dos o más años (nota del editor p.126). Pero en diciembre de 1933 se opone a la tentativa de Durruti y Ascaso y la regional aragonesa, cuando estaba de acuerdo para la de enero. Y todo ello sin estar en la FAI que aparecía como responsable y cuyos militantes luchaban (p.132-133). Aqui están claras a la vez la manipulación (en nombre de las ideas como siempre), aunque G.O. se muestra quisquilloso en materias de diplomacia orgánica (p.155,373) y la oposición artificial con el treintismo,que no era -opinión personal- más que una lucha de tendencias, sin apelar nunca a la base.

En el congreso de Mayo de 1936, G.O. afirmaba que fue el artífice de la reunificación pero que su proyecto de ejército no fue adoptado a causa de la labor de desmadre, de follones de Federica Montseny y Cía, Santillán y Cía., Miró y Cía. De paso se puede observar, según los textos que publicó Elorza en Revista del Trabajo , n° 32. que los proyectos para el Congreso de Zaragoza de los sindicatos de Santillán y G.O. no se diferencian mucho, en particular para la cuestión militar (en la p. 233 se lee lo contrario).

Tras los dias de lucha de Julio en Barcelona (debiéndose la victoria según G .O. a la organización dada por él) tuvo lugar un pleno de locales y comarcales el 23 de Julio de 1936(p.171 y 184 y ss.). G.O,y la comarcal del Bajo Llobregat propusieron ir a por todo pero hubo unanimidad en contra, y muy honradamente G.O. se plantea el por qué, pareciendo sugerir dos explicaciones: a) la ignorancia del anarquismo; b) la actividad de los grupos disolventes (el adjetivo es mío porque así me llamaban en París) de la Federica y otros. De hecho el problema básico es, aquí también, que la base no fue consultada, los delegados tomaron una decisión sin referir con nadie, se impuso lo que ya era práctica en algunos momentos, como la lucha entre faistas y treintistas : los notables decretaban y querian disciplina de arriba abajo .

Y G.O. tiene luego un análisis muy importante :

"No había que olvidar que la mecánica de nuestra organización no se asemeja a la de un partido político, como el comunista por ejemplo, que es monolítico, sino que la composición heterogénea de nuestra organización determina que siempre se ande entre dudas y vacilaciones. Por ello fue siempre dirigida, en realidad, por un grupo más o menos numeroso. La constitución de los Treinta perseguia esta finalidad. Con el grupo Nosotros también lo hemos intentado" (p.190).

O sea que la base no pintaba gran cosa. Mejor dicho, cada local aplicaba a su manera lo que le querian endilgar los notables de turno. Y gracias a esta agilidad local se hizo el comunismo libertario, que nadie exaltó desde la cumbre CNT-FAI en los días de julio de 1936.

Para G.O. no era así. Era su presencia en el Comité de Milicias la que lanzó las colectivizaciones (¡ !) (p. 206, 281). Además, al salir de Barcelona para Madrid en noviembre de 1936, declara:

"Fuera yo de aquí saltarán todas las amarras, y a no tardar Cataluña entera llegará al caos" (p. 292).

Como en Por qué perdimos la guerra de Santillán, el Durruti de Abel Paz, etc., cada uno tiene un plan anarquista para tomar el oro y adquirir armas que falla por culpa de los otros cenetistas. G.O. también tiene su golpe ya el 23 o 24 de Julio de 1936, siendo el freno Durruti (El gran incapaz según G.O.), y si el oro se fue a Moscú la culpa fue de Cipriano Mera (p. 320).

Pero donde G.O. es claro, es en el problema militar. Si bien cita la guerrilla para criticar mejor a Durruti (p.147), su tema era el de un ejército popular superior , formado por masas obreras, guardias civiles y guardias de asalto, que tendrían oficiales instruidos en una escuela militar de nuevo tipo (nota del editor p. 223). La guerrilla fue el gran descubrimiento de G.0. a fines de 1937 (p. 483 y ss.), Cuando Maroto ya la hacia desde fines del 36, y le habían encarcelado los peces, sin que el ministro de Justicia hiciera gran cosa. De paso se puede ver que la entrada de G.0. en el ministerio aparece como una petición de la Federica, p. 292, 293 (si tan esquinados estaban, ¿qué hacian siempre juntos?) y nos dice sinceramente que le gustó porque se puede ser anarquista y ministro (p. 299), con un traje, no como en Barcelona (p. 317). La ingenuidad de G.O. es apabullante, hasta como para declarar sus prejuicios antiandaluces (p. 403), su odio a los militantes inválidos (Balius, p. 420, 443), y de los gitanos (Vázquez, p. 469, 524).

Nunca ministro anarquista fue más tajante en sus memorias : Con Galarza hice esfuerzos de apagafuegos, con excelentes resultados (p. 415, se refiere al golpe anticolectivista de Vilanesa). Lo que importaba era apagar aquella hoguera (p. 424, refiriéndose a los hechos de Mayo, 1937). El colmo fue quizá la creación de un Comité Ejecutivo : c on todas las facultades para hacer y deshacer, con la misión de contener el pánico y el caos, aunque se resintieran los principios del anarquismo (p. 502) en Abril de 1938, con ... los Montseny - Santillán - Miro.

Menos claro es G.O. sobre la muerte de José Antonio (p. 342), dada como con la conformidad de todos los ministros, pero se dice que fue decisión expresa de G.O., y, si así fue no veo por qué ocultarlo. Para la muerte de Durruti, por fin dice claramente las cosas, pero queda culpable de haber dado la versión cretina de la muerte ante el enemigo, cuando la herida era a quemarropa. Y se dice también que fue G.O. el inventor del bulo. Otra cosa que se guarda en el tintero fue su actuación anti comunismo libertario, como en el caso de la Madera de Barcelona que explica Marcos Alcón -uno de los pocos que na aparecen como tontos en el libro-, citado por V. Richards en Enseñanzas (p. 164 ed. Campo Abierto).

A Garcia Oliver hay que felicitarle por su franqueza tardía que nos restituye la personalidad de un notable de la CNT-FAI, capaz de lanzar consignas en pro de gobiernos con el P.C. en 1944. Hay que leer este libro para saber comprender.

(Bicicleta N°13, 1978)

Frank MINTZ


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